Nos sentamos en la Plaza de las Monjas porque la tarde estaba buena… y casi sin darnos cuenta, viajamos en el tiempo.
Esta imagen nos lleva a los años 70, cuando el ritmo era más lento, las conversaciones más largas y las plazas eran el verdadero punto de encuentro. Sombrillas, sillas de colores, coches de la época y la vida pasando sin prisas.
A veces no hace falta mucho para ser feliz: una buena tarde, una plaza y buena compañía.



















